miércoles, 28 de noviembre de 2018
REACOMODO
Llego nuevamente a la reflexión, la vida es mucho más amplia y el conocimiento es basto, este año que le he regalado a muerte me ha servido de poco, y he tropezado mucho, ahora a falta de alguién con el que avergonzarme, me estoy despellejando solo, en un tunel pequeño, apretado y golpeándome los tobillos. Pero hace días hubo un cambio, no es porque peque de niño esperanzado, que a decir verdad casi toda mi vida he jugado ese papel, siempre he creído que ya viene lo bello, además digo toda mi vida como si ésta hubiese comenzado a los 17 años, el cambio está allí, fue un destello, quizás el reflejo débil de un parpadeo solitario en el fondo de ese túnel convertido en cueva. Lo importante es que hizo recordar cuando la llama no había rehuído totalmente a mi cuerpo, ahora también estoy reiniciando la vida a pedaleadas, irregulares, pero importantes, si no hubiera nada más le estaría regalando los años que me quedan a la muerte, lo cual detesto.
sábado, 15 de septiembre de 2018
UN HERBOLARIO EN TRUJILLO, DON NACARINO
Estornudos y carraspeo.
Luego de esperar una hora con mareos y dolor de sien, pude
entrar al cuarto que servía de recepción para los enfermos. Tenía 8 años y un
mal que los doctores no pudieron aplacar. Al entrar en la habitación no me
percaté lo que ocurría a mí alrededor, solo seguía a mi madre que no me tomaba
de la mano. Y luego de unos trámites, pudimos sentarnos en uno de los fríos y
débiles bancos de madera que rodeaban la recepción.
El adobe de las
paredes de la habitación estaba envuelto de pintura amarilla pero todo se
percibía gris, el ambiente era tibio e incómodo como en una procesión con
feligreses que lloriquean. El hedor que emanaba el lugar era la combinación de
ungüento, hierbas frescas y orines.
A nuestro alrededor se apiñaba un numeroso grupo de personas
que, debido a la vestimenta que usaban, se podía distinguir la diversidad
social de su procedencia: obreros, monjas, autoridades locales, pordioseros,
incluso habitantes de otras ciudades que venían con la esperanza de encontrar
el menjunje que alivie sus males. El grupo, tan diferente como el que nos
encontramos los domingos en las catedrales, tenía una característica común: el
notorio dolor dibujado en sus rostros que creaba una atmósfera de tristeza y
abatimiento.
Yo al advertir el aspecto de los pacientes bajé rápidamente
la cara, quizá por vergüenza, miedo, consternación o respeto al dolor. Me
limité a observar mis manos, tratando de
impedir levantar la mirada, estaba afectado como los semblantes que
evitaba, los enfermos llevaban en sus rostros el estigma de sus males.
Ronquidos y
lamentos
La mayoría
que aguardaba ser atendida portaba botellas con un líquido color ocre, que
ingerían continuamente. Cuando tocó nuestro
turno me acerqué con mi madre hacia una puerta. Un hombre salía de ella para atender a las personas que
habían esperaban en la extensa fila que frecuentemente daba vuelta a la calle;
los pacientes al ver al hombre lo saludaban respetuosamente con un ‘buenos días
Don Nacarino’, lo mismo hicimos y entramos tras él.
La razón por
la que mi madre decidió traerme a este curandero fue porque los doctores no
podían neutralizar el mal que yo adolecía. Además, este herbolario le ayudó tiempo
atrás a contrarrestar un precáncer con un tratamiento de seis meses, que según
los exámenes posteriores a los que se sometió mi madre, logró desaparecer esa
enfermedad; sumando a ello, que este señor eliminó el asma que padecía uno de
mis hermanos.
‘El doctor’ que era como también llamaban a
Don Nacarino, era un tipo de estatura mediana, corpulento como un pequeño oso, no
muy simpático, de piel cobriza con facciones andinas, tenía la cabeza redonda
como una manzana, el cabello azabache como equino, alopecia hasta las sienes,
en su frente no se dibujaban muchas arrugas, tenía los ojos chinos como koala,
nariz aguileña y dientes largos y amarillos. Al hablar revelaba su carácter
serio, respetuoso y decidido; su voz era gruesa, hablaba despacio y bajo con un
acento criollo. Además de ello era muy reservado, su jovialidad, alegría y
humor la compartía con pocos, ‘no se reía con cualquiera’.
Lo que más le
preocupaba a ‘Don Nacarino’ eran sus pacientes. Para establecer qué remedio iba
a preparar, miraba absorto el rostro de los convalecientes, hacía las preguntas
que sean necesarias para estar seguro del mal y tomaba largo rato el pulso. Era
reconocido por distinguir enfermedades con solo medir las pulsaciones del
cuerpo.
Luego del
análisis nos dio indicaciones para preparar y beber el remedio. Escribió con
“palabras que las personas no entienden”, según lo que decían sus pacientes, su
receta en un papel, nos lo entregó y se despidió de nosotros amablemente. Luego
de ello nos dirigimos a la ventanilla en la que nos proporcionaron una ‘toma’
para el momento junto a un paquete blanco y rectangular hecho con papel de
‘despacho’ y envuelto en cruz con un pabilo, que contenía el remedio, en el que se reiteraba la receta
e indicaciones de cómo se deben tomar las soluciones.
Nacarino abrió
su sanatorio popular en la década de los 80 en la calle Mantaro al costado del
cementerio de Miraflores, a raíz de la muerte de su maestro herbolario Don
Pablo Villacorta, este último tenía su consultorio en la última cuadra del
jirón Independencia.
‘Don Pablito’, natural de Usquil, era el
curandero más conocido en una ciudad de Trujillo que contaba solo con el
hospital Belén para restablecer a los convalecientes, y debido a eso, los
médicos acudían a él en busca de consejos. Pablito tenía un poco más de 1.70
metros de altura, era blanco como el marfil, de cabello negro y lacio que en
sus últimos años de vida , por causa de las
justificadas canas, tornó a un color plateado, tenía ojos perezosos y sonrisa fácil; a diferencia de Nacarino, era
más comunicativo, campechano y accesible. Pablito, que usaba siempre un
sombrero grande de palma, inició como herbolario a los 30 años y lo fue hasta
su muerte.
Además de sus
remedios, las personas lo buscaban para que ‘limpie’ de todo mal a sus hogares.
La tarifa de Pablito al momento de cobrar por sus servicios se adecuaba a la
disposición del beneficiado, cada vez que le preguntaban cuanto debían pagarle,
él decía “su voluntad”, todo lo hacía a cambio de una propina.
Nacarino desde muy joven trabajó con don
Pablo, comenzó siendo su chofer para luego convertirse en su ayudante y aprendiz. Aprendió a preparar las ‘tomas’,
a hacer limpias en hogares y viajó a la selva en busca de las plantas
medicinales.
Uno de los
mayores defectos de don Pablo Villacorta era su debilidad por las mujeres, por
ello un día se separó de su esposa para vivir un romance con una quinceañera,
relación que duró hasta su muerte.
La nueva
pareja de Pablito no tenía una buena relación con Nacarino, es por ello que
luego de la muerte de este ocurrida en la década de los ochenta, el aprendiz
con la esposa se enfrascaron en una disputa por la herencia intelectual. La
viuda acusaba en los tribunales a Nacarino de desempeñar y comercializar sin su
autorización los productos que su maestro Pablo le había enseñado a elaborar. En
ese tiempo, al igual que su maestro, Nacarino curaba a personas de diferentes
lugares sin pedir dinero a cambio de ese servicio. Solo pedía una colaboración.
Pero cuando enviaba a otros lugares, hacía paquetes y los despachaba por dos o
tres soles.
La disputa
duró años y llegó a extremos, ambos se ‘chicoteaban’, que es usar las cartas
para desearse el mal. Se hacían ‘daño’, porque uno quería quedarse con los
clientes. Al final el problema se solucionó con el apoyo de las personas a las
que Nacarino había ayudado a sanarse, pues debido a los constantes cierres del
local, pidieron mediante un memorial que este señor pueda trabajar de
herbolario. Poco tiempo después de esto, la viuda de don Pablo falleció.
Peroles y
ungüentos
Nacarino
atendió todos los días de cinco de la mañana a seis de la tarde, durante más de
treinta años en su local del barrio de Mantaro. Ahí tenía un perol enorme como
un fregadero, donde preparaba junto a su ayudante, sus ‘tomas’ de hiervas
medicinales que buscaba y recolectaba en la selva virgen los meses de julio y
agosto. Con estas plantas hacía también curaciones, ungüentos, flotaciones,
purgantes y aerosoles para la congestión de las narices y garganta.
‘El Doctor’
llegó a curar enfermedades y males como cáncer a la sangre, bronquios, cólicos,
hepatitis, sustos, ataques al corazón, curaba la ceguera, enfermedades del
hígado, presión alta, etc. Pero también era consciente de sus limitaciones, es
por ello que cuando no podía remediar la
dolencia decía “vayan a otro sitio”.
Silencios y
llantos
El herbolario
Nacarino, murió hace dos años, y su expiración fue trágica. Perdió la vida al
caerse de las escaleras de su casa de la urbanización San Isidro. Las personas
que vivieron este acontecimiento
resaltan lo rápido, hermético y secreto de su entierro. Pues en menos de 24
horas de ocurrida su muerte, Nacarino fue velado en su hogar y enterrado en un
lugar desconocido.
Las personas
a las que ‘el doctor’ atendió no pudieron estar en su despedida. Se enteraron
cuando encontraron una nota pegada en la puerta del local de Mantaro que
anunciaba la muerte del herbolario. Sus pacientes le lloraron tarde, días
después de que, dentro de un ataúd, el cuerpo de uno de los personajes más
queridos del barrio los visitara por última vez.
sábado, 8 de septiembre de 2018
COLECCIONISTA DE EMOCIONES
Son las 11 de la noche en el ahora
silencioso centro histórico de Trujillo, me dirijo a un disco bar del jirón San
Martín. Todo es diferente al anochecer, los faros de la ciudad dan luz suficiente
para distinguir sombras y no toparse con otro caminante, pero nos hacen
imposible reconocer a la distancia a un amigo; de noche, todos somos
desconocidos. La calidez de las calles trujillanas se van con el atardecer, el
viento ya no refresca del abrasante sol de la tarde, ahora golpea el rostro y
obliga a cualquier transeúnte a acurrucarse sobre si, esconder su mentón en el
cuello de su abrigo y acelerar el paso.
Al estar cerca al local, un paso tras
otro, la música que se apodera del ambiente, no estalla, arrulla como el canto
de una madre. Ya en la puerta, froto mis manos mientras examino el lugar,
saludo al individuo parado en la entrada, e ingreso. El recinto es acogedor,
las paredes son tan estrechas que parece que nos abrazaran, dentro la luz es tenue,
como en la calle, pero la calidez del lugar subsana la falta de iluminación. Las
paredes tapizadas con pósteres y fotografías de artistas de culto: Jimi
Hendrix, Steve Wonder, Bob Marley y compañía reciben a los clientes, junto al
intenso olor del tabaco y licor. Mis los oídos, se entumecieron por el frío
exterior, pero ahora son acariciados por el sonido de cuerdas metálicas,
tambores y gritos desgarrados.
Veo a lo lejos a un hombre apoyado en
la consola, frente a él, dos tornamesas, una gris y otra negra, unidas por un
revoltijo de cables a una computadora que
manipula con atención. El sujeto, que a primera impresión parece tan
maniático como un orate, tiene un cuerpo enjuto, piel cobriza como indígena,
nariz filuda, ojos marrones, es de mirada intensa y sagaz como un zorro, logra reconocerme
y se acerca, me saluda primero con la cabeza, inclinándola y luego nos damos un
fuerte apretón de manos.
Señor Ticerán buenas noches-le digo-.
No, esta noche soy DJ Cactus.
Inmediatamente me dirige a la silla
más cercana a su tocadisco, se sienta al frente, encoje los hombros como
nervioso, observa el local, toca su larga pero bien peinada cabellera negra,
enciende un cigarrillo y habla con voz gruesa como trueno.
Víctor Ticerán Ruiz, que es como en
verdad se llama DJ Cactus, un treintañero
nacido en Lima un 23 de agosto y lleva algo más de dos décadas viviendo
en la ciudad de Trujillo; además de ser vegetariano por convicción, agnóstico
por descrédito, e insertado por ideología política en la anarkia tropical. Víctor un amante de la
música, la pintura, los gatos y, por supuesto, los vinilos.
La afición por los últimos nació hace
más de 15 años cuando descubrió unos viejos y empolvados vinilos de rock, que
hasta ahora sigue disfrutando con la misma pasión, junto con los demás discos
acumulados en todos los años de afición.
En la actualidad Víctor Ticerán,
también llamado ‘el loco’, realiza presentaciones en diversos locales nocturnos
de movida indie, además de
presentaciones en ferias de melómanos como la realizada en ‘El Patio Rojo’ una
semana atrás a este encuentro.
Entre los artistas y bandas favoritas
que colecciona en vinilo, están: Cetu
Javu, Morrissey, Depeche Mode, New Order, Locomia, Klaus & Kinsky, Voz
Propia, The Smiths, The Cure, Soda Stéreo, Cocteau Twins, Soft Cell, Bauhaus,
Jas, Placebo, Madona, OMD y más.
El loco vive solo, en su domicilio
ubicado en la calle Atahualpa, con una pequeña habitación de piso falso que usa
para recibir a sus invitados, quienes quedan fascinados al ver que las paredes
sin revocar de la cuarto han sido tapizadas con cientos de vinilos.
Graduado en dibujo y pintura de la
Escuela Superior de Bellas Artes en el año 2011, ha participado con sus cuadros
en diversos eventos artístico-culturales. Y como amante fiel, no ha dudado en
retratar incontables veces a sus pequeños compañeros de toda la vida, los
gatos. Casi toda su obra privada está dedicada a ellos, en su casa convive con
más de media docena, los cría, cuida y protege; las fotografías y dibujos de
felinos colgados en las paredes de su cocina, han convertido este espacio en
una especie de santuario en el que hay una exhibición permanente.
Además de ser pintor, Víctor tiene un
bachiller en Filosofía, Psicología y Ciencias Sociales en la Universidad
Nacional de Trujillo, estudios que lo ayudaron a formar una consciencia crítica
de la sociedad actual, de la importancia de nuestra historia para el desarrollo
de nuestra identidad. Temas que reflejados en sus pinturas han recorrido
numerosos lugares.
Luego de una hora de plática, dos
cafés y 12 interrupciones por el término de las canciones, me despido de
Víctor, de Dj Cactus o del loco, da lo mismo; nos incorporamos, él no cambia la
expresión amable que mantuvo durante toda la noche. Estrechamos nuestras manos,
y me apresto a salir a la fría medianoche trujillana, dejando atrás a un
soñador, hacedor y apasionado que ahora vuelve a su tornamesa a cambiar de vinilo.
domingo, 2 de septiembre de 2018
DEFENSOR DE LA VIDA
Por: Mateo Beck
¡Libre!
Vi
a David Novoa por primera vez en un evento académico organizado por
funcionarios del gobierno;
contradictoriamente él, su discurso y su
vestuario eran antisistema, pues traía puesto como sombrero a una bacinica
amarilla, además de un chaleco morado con enormes flores bordadas en el pecho,
un pantalón negro y en la mano un enorme girasol de fantasía al que agitaba
como espada al concluir cada rima de los versos dedicados a la libertad, el amor,
la belleza y la locura. Él inició su acto con un castrense grito gallardo desde
la entrada del auditorio y se apoderó de la atención de la concurrencia. ¡Hombres!
De pronto, mientras el caminaba entre el público hacia el estrado, todos
olvidamos el por qué estábamos reunidos esa mañana, la atmósfera dejó de ser
gris, deprimente característica que
siempre rodea los encuentros académicos, para dar paso a una fiesta por la
vida. Los versos, cuentos, anécdotas, gritos, susurros, llanto y rimas del Loco
hicieron renacer el espíritu idealista con el que nacemos y que reprimimos para
seguir ¿creciendo? El loco y su locura se apoderaban de la gente, el arte
envolvió a todos, y algunos de sus viejos profesores de la universidad,
otorgándose el mérito del magnífico acto, se reprochaban jubilosamente el
haberlo incitado a seguir sus sueños “carajo ¿qué hemos creado?”.
“La
voz del loco
es
la voz
que
todos tenemos
en
el corazón”.
David Novoa
Jiménez es un poeta y activista social
liberteño nacido en Casagrande el año
1968. El Loco, como le dicen sus amigos, vive en la Campiña de Moche, lugar
donde se construyeron dos importantes templos mochicas El sol y La luna; él, que
se muestra amable desde el saludo, tiene el típico aspecto mochero, de piel
cobriza, cabello negro grueso como el alambre, la mirada profunda como águila y
el rostro rudo y tosco como un guerrero
con una cicatriz en el mentón. Su voz cambia abruptamente de acuerdo a
la situación, al conversar de su vida tiene la voz fina y tranquila como un
aguacero, cuando reclama las injusticias de la sociedad emerge una voz gruesa y
estridente como un cañonazo, y cuando reprocha la indolencia de las personas
evidencia un tono chilloso y quebradizo como un llanto de frustración. El loco,
por otra parte, exagera al máximo estas cualidades, El Loco al declamar sus
versos susurra y adormece, explota y desborda, conmueve y agita.
César
Vallejo, Martín Adán y sobre todo Eduardo Eielson son los principales
referentes de su obra y arquitectos de su personalidad artística. De este
último le cautivó su “mágico enjoyamiento verbal, poderosamente evocador de
épocas mitológicas en Reinos”. “Fue el equivalente a lo que en la infancia se
suele llamar mi amigo imaginario”. El
joven David cada vez que tenía la oportunidad de hacerlo lo mencionaba,
comentaba o predicaba. Lo leía a los que se le acercaban, lo conversaba con
otros poetas hasta que una tarde le avisaron que este iba a estar en un recital
que se iba a presentar en una casona de la Plaza de Armas.
“Corrí
disfrutando la diáfana brisa que barría las calles y vi personalmente y por
primera vez al poeta en la II Bienal de Trujillo. Se había convocado a
importantes bardos del país, entre ellos, Blanca Varela, Javier Sologuren,
Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza y Abelardo Sánchez León. Me informaron de
último momento, así que llegué jadeante pero justo a tiempo para apretarme
entre los que estaban de pie. La Casona lucía repleta. Cisneros, cordial y
dicharachero, fue el maestro de ceremonias. Eielson no pronunció palabra hasta
que le tocó leer. Y leyó un solo poema largo y pausado, un Arte Poética
inacabable cuya eufonía, ritmos y significados embebieron a la hipnotizada masa
en un mar de silencio, y en medio de él –en la voz de Eielson– navegó la
Poesía. Nadie se movió, nadie respiró y al concluir, luego de una breve pausa,
estallamos en interminables aplausos.”
Debido a tal
dilección por Eielson, el poeta Luis Eduardo García, gran mentor y amigo de El
Loco, le reveló que en la Biblioteca de
la Escuela de Arte Dramático, había un ejemplar de Poesía Escrita de Eielson;
un legendario libro azul que publicó el INC. “Nunca dudé que ese libro sería
mío. Nadie amaba a Eielson tanto como yo, así que lo saqué sacrificando mi
libreta electoral y corrí como un niño por las calles del centro celebrando con
el tomo en la mano mi más reciente y preciada adquisición. Lo mandé a
encuadernar, le coloqué una pasta dura granate y lo guardé en mi escritorio”.
David recuerda con melancolía que después de algunos años tuvo que separar ese
libro del alma para entregárselo a una novia llamada Victoria que partía a
Italia. Ella en Roma, escribió una carta al poeta, contándole su historia
emergida entre sus versos, de la admiración incondicional de Novoa y hasta logró
conocerlo una tarde en una galería de arte.
El cuidador
de animales era un niño inquieto y alegre como un picaflor, su madre, Teresa
Jiménez, recuerda cuando ella junto a su
esposo y David sufrió un accidente automovilístico cuando este solo tenía cinco
años, este fue un fuerte impacto que fue duro de asimilar para un niño de esa
edad, ella cuenta también con una sonrisa en el rostro que su hijo amenazó de
muerte a los doctores que la atendían con una frase ardorosa como a las que ahora
nos tiene acostumbrados: “él les dijo: si mi mamá se muere, yo los mato”.
Doña Tesesa,
con la fiel nostalgia de alguien que
recuerda y extraña momentos que no volverán, muestra fotografías a blanco y
negro del poeta cuando era niño. Lo podemos ver diminuto, desnudo y sonriente,
cubierto con jabón dentro de una tinaja llena de agua. En otra captura lo
encontramos vestido de colegial, con un atado colgando del hombro y su tierna y
personal risita. El niño David, al igual al poeta actual, como comenta su padre
Luis Novoa, luchaba por sus ideales, contra la injusticia y era muy
emprendedor, a los cinco años se organizó con los niños de su barrio y publicó
un fanzine, además de adoptar animales abandonados en las calles. Desde
pequeño, Novoa, mostraba su fuerte sensibilidad ante la vida.
El premio
poeta joven fue un deseado concurso que los vates deseaban ganar o por lo menos
participar, la convocatoria al concurso lo hacía la revista Cuadernos Trimestrales de
Poesía, fundada por Marco Antonio Corcuera con quien David tuvo una mala
experiencia. Al celebrar diez años de actividad de la revista, los fundadores
decidieron convocar a lo que sería uno de los antecedentes de la joven poesía
peruana: el premio El Poeta Joven del Perú, la convocatoria se realizaba cada
cinco años, y entre los ganadores de este concurso tenemos a Javier Heraud y
César Calvo en 1960, Antonio Cillóniz y
José Watanabe en 1970, Jorge Eslava en 1980, Luis Eduardo García en1985, Montserrat
Álvarez y David Novoa en 1990. El Loco, al igual que muchos jóvenes
deseaba ganar el premio para ingresar al
mundo de donde pertenecían grandes poetas admirados por él. Para ello buscó a
Luis Eduardo García y se convirtió en su amigo y discípulo, con quien hasta la
actualidad comparten una pródiga amistad y muchos proyectos.
La primera
decepción que atormento y acongojó a David, fue cuando, esperando la categórica
aprobación de su mentor espiritual Jorge Chávez Peralta, le enseñó el libro que
deseaba presentar al concurso Poeta Joven. Luego de unos días de revisión,
Chávez Peralta le dijo “esto está hasta el perno, ¿estás imitando a Neruda?”,
lo cual constituía una grave ofensa para cualquier poeta joven de esa época,
porque ese autor representaba a la poesía comercial. El joven poeta, oscurecido
por este mal por ese comentario negativo fue a su casa decidido a escribir un
nuevo libro en 20 días, algo que logró por el ímpetu y fuerza del vínculo que
tenía con la poesía en esa época. El nuevo libro era un conjunto de poemas desesperados
y ansiosos debido al cambio de planes y la cercanía del concurso, a esta nueva
obra la llamó ‘el itinerario del alado
sin cielo’ y con ella ganó el concurso Poeta Joven, algo que David creyó
imposible de lograr a pesar de la enorme
expectativa que tenía sobre ese concurso.
Pero
inmediatamente ganó el premio se cuestionó “¿cómo yo gano lo que ganan estos
grandes poetas?”, es ahí cuando se derrumba el mundo ideal creado por el joven
Novoa, se da cuenta que la cotidianidad absorbía al poeta y que la vida no
cambió como él había pensado y planeado, no hubo ninguna transformación en él y
se decepcionó de la poesía, los poetas y los concursos. No se sintió a la
altura del mundo que representaba la poesía al que había ingresado. “todo era
más ordinario cuando pasé a formar parte de ellos”. Después de menos de una
semana de ganar el concurso inició su segundo libro ‘El libro de la
Incertidumbre’, con el que ganó el premio Lundero del Diario La Industria, este
es un escrito de negaciones influenciado por las lecturas al autor llamado
Jorge Chávez Peralta con su libro Las
ideas fundamentales para el tercer milenio. “El poeta joven me serviría
como carbón para iniciar ese fuego que me abrasaría y que me destruiría para
formar otro tipo de mentalidad en mí, porque lo que murió aquí fue Dios, o sea
la mirada antropocéntrica y antropomórfica de la divinidad, porque comienzas a verlo en los detalles, la distancia, lo
impersonal de Dios, lo inexorable del destino y empiezas a comprender un montón
de leyes que son Dios mismo, entonces empiezas a desligarlo de un ser, lo
empiezas a ver en las plantas, en la tierra, en las leyes, en todo lo que te
rodea y con lo que actúas de manera inconsciente e irrespetuosa, eso siempre había
sido Dios”. Luego de leer esta obra Novoa entra
en un estado hipocondríaco en él además sufrió una decepción amorosa con
una joven que no correspondía su amor, esta etapa duró muchos meses en los que
lloraba frecuentemente sin saber por qué, “tuve un desorden emocional fuerte.
Incertidumbre una especie de grito negativo, filosófico e intelectivo contra
todo lo que había estado concibiendo y que se había deshecho en mis manos, en
mi mente, en mi vida y ahora me tenía loco”.
“Si
la ignoras toda la vida
te
volverás loco
Si
la escuchas y la olvidas
te
volverás loco”.
Novoa al ver
que ganaba muchos premios pero no era conocido por sus libros comienza a
escribir ‘Execración del Dios yo’, obra influenciada por las lecturas al
español Pesoa, y creada con el fin de atacar a su egolatría formada por los
concursos ganados anteriormente y la esperanza de concebir su obra cumbre. Sin
embargo la crítica no respondió favorablemente y David se sintió muy
contrariado por este resultado, debido a que él sentía que esta puedo haber
sido su obra cumbre. Es ahí donde el poeta comienza a cuestionarse a sí mismo,
y concluye que él era una persona falsa, “alguien que hablaba de la verdad y
demás y que en el fondo lo que quería era engalanar su ego”, luego de esto
David tiene otra contrariedad amorosa y sufre por haber dañado a su pareja, a
quien consideraba como alguien puro. “Luego de esto fui a la azotea de mi casa con el libro
‘Execración del Dios yo’, lo quemé y grité al cielo ¡Mátame! ¡Mátame!
Intentando matar a mi ego“, es aquí cuando nace El Loco.
Los mejores
momentos que pasó David Novoa fueron en la Campiña de Moche, es por ello que
luego de la fuerte transformación que sufrió quiso regresar allí. Cuando llegó,
el lugar no era lo que él esperaba, ese lugar de la infancia había
desaparecido, así que decidió transformar y recuperar nuevamente el espíritu
del lugar “Dios habla directamente a través de la naturaleza”. Actualmente la
casa de David alberga a un Minizoológico Educativo con más de 100 especies de
animales salvajes maltratados, entre ellos encontramos a un cóndor cojo, un
zorro rengo, un grupo de maquisapas añorando la amazonía, tortugas de tierra y
de agua que conviven con dos caimanes negros. En otro lugar David cría dos boas
constrictoras. Además de todo ello hay loros, papagayos, roedores, un auquénido
y más. Debido a este compromiso asumido con la vida animal, David es presidente
de la Asociación Santuario, Ecología y Cultura, que tiene como objetivo crear
conciencia ambiental y de protección a las especies. Todos los días escolares y
turistas llegan a su hogar para visitar a los animales, a los que el poeta
enseña a cómo cuidar y respetara los animales. Sin embargo por el poco apoyo e
ingresos que recibe su minizoológico,
David, debe ingeniárselas y costear todos los gastos que generan los animales.
“Si
la oyes y la sigues
le
parecerás un loco a todo el mundo”.
Otro aspecto
muy importante en la obra de David Novoa es su constante trabajo por la
difusión de la cultura. Él un tanto
decepcionado, como un padre con hijos díscolos y perdidos, dice que los jóvenes
de ahora no leen y que es mejor acercarles la poesía mediante el espectáculo.
Es por ello que nació ‘La voz del loco’, que es un poemario recopilatorio de
escritos hechos al azar y a pedido que habla sobre el amor, la muerte, el dolor
y Dios. Debido a este espectáculo ha recibido fuertes críticas de muchos
representantes de la poesía local, que dicen que el desnaturaliza el arte
poético y lo convierte en insustancial payasada. Las críticas son de ambos
lados y David piensa que todos los poetas de Trujillo son “mediocres y
aburridos” Como dice Luis Eduardo García
“en dosis combinadas adecuadamente lo superficial y profundo, lo frívolo y
trascendente, lo limitado y lo vasto producen resultados aceptables; y para
reducir las altas dosis de aburrimiento en que incurren los poetas trujillanos,
David Novoa ha optado por la performance como un modo sistemático de comunicar
su poesía, estrategia que le ha dado un éxito relativo y nada desdeñable, digo
relativo porque hay gente, que piensa más bien que se trata de una “payasada”.
Es verdad que se trata de un “hecho extraliterario”, como dice Jorge Tume, pero
esa es, finalmente, la manera de comunicar de David Novoa, su modus operandi de
combinar lo frívolo y lo profundo. Y esto se respeta, aunque no estemos de
acuerdo con el bacín amarillo que se pone en la cabeza, la forma en que modula
la voz cuando recita o el humor con que cultiva su egolatría.”
“pero
solo serás
el
que sigue a la voz
de
su corazón.”
D.
Novoa
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Premio Poeta Joven del Perú
domingo, 5 de marzo de 2017
ROMPE ANCLA
¿A dónde se gira cuando la decepción arremete?
Dos meses han pasado desde que inicié una relación con una chica. Las últimas 3 semanas las he pasado reflexionando sobre mi futuro. Sobre la realidad de mi destino, sobre si la quiero como pareja. La verdad, es que no. Durante los días transcurridos he andado, he vagado, he tropezado y me he dado de cabeza contra la pared. Todos estos años de soledad fueron anunciados, por no guardar distancias encontré un espacio donde vomitar sin ser cuestionado, en donde perderme sin que me vaya, en donde mi alma se relajó, mi corazón se corrompió, me aprisionaron poco a poco. Me estrujaron el cuello, me castraron, me oyeron, me disminuyeron, me destruyeron, me modelé. Sigo enojado conmigo por permitirlo, ahora puedo ver todo, ya no debo depender de nadie, no debo retroceder más. Debo seguir construyendo, aunque no lo quieran, por no romper un corazón termino enredándome y destruyéndome. Hay que tener agallas para terminar algo que nos hace infelices y comenzar lo que queremos. Sin distracciones, que el futuro se acerca y nuestros sueños desfallecen. Amar de verdad y no buscar al idólatra. Soy un egoísta y cobarde, o tal vez solo cobarde pero debo hacer lo que creo correcto y no seguir dejándome llevar por la marea. Quiero algo, pues debo cumplirlo, confiar nuevamente en mí, no retroceder, ser transparente. Todos importamos y debemos ser felices de verdad, ella merece a alguien que la ame de verdad y yo a una compañera para amarnos mutuamente, con sinceridad y sin miedos.
jueves, 19 de enero de 2017
En amor
La verdad. Siento que regreso a la adolescencia, ¿o nunca la viví? Siempre corriendo con los compañeros, viviendo experiencias mediáticas, conociéndome, aprendiendo a ser un buen amigo. Recorriendo los caminos solo, o imaginándome a alguien que me acompaña. Recorriendo la ciudad, sonriendo al mundo hasta el noqueo de la realidad, levantarme antes de terminar la cuenta, abriendo los ojos al mundo, ahora solo, sin los consejos de mis padres o amigos, únicamente me acompañarán los valores que interiorice. Trato de aprender de mis tropiezos, recorro la ciudad, huyo en la ciudad, busco encontrarme con otros sentimientos. Logro hacerlo, reinicio la marcha, tropiezo en el camino y me rompo la cabeza, no ruedo, me quedo en el suelo presenciando miradas lastimeras de corazones que crepitan al verme vacío, estancado cerca del final, sin vivir ningún inicio. Un par de años después y deteriorado por el paso del tiempo unas manos toscas me alzan de las sienes; percibo que la dueña de estas se acerca al golpe de la realidad, pero mi alma está desesperada y en un arranque de vanidad y gratitud recompongo mis piezas y continúo el juego. La realidad no se pudo evitar pero llegó en una mejor posición para ella. Intento recomponerme de verdad mientras aprendo enseñando. La realidad fue terrible, lo virtual me ahoga y se apodera de lo casero ¿quiénes me fecundaron?¿siguen allí?Uno ya no está, lo temía y la distancia comenzó a alejarnos hace 4 años, me queda quien me llevó 3/4 de año dentro suyo¿qué hago aquí? Me alejo, me alejé, pero las manos que me recogieron no me sueltan, solo acercan más mis labios a los suyos; intenta de arreglar lo que la catarsis de desengaño partió, el cuero sigue roto pero cicatriza poco a poco.
Lo que recomiendo por esto:
- Hagan lo que deban hacer, nunca frenen sus intenciones si estas son favorables.
jueves, 20 de octubre de 2016
John Malkovich y el artista estúpido
Me gustaría ser claro por una vez. Regreso de ver en el cineclub de mi universidad 'Quiero ser John Malkovitz' y rescato algo bueno: abrió mis ojos, entendí por un momento el 'querer ser' de lo artístico.
Tengo un par de buenas amigas que pertenecen a este grupo de cinéfilos. En parte son la divergencia encarnada, las diferentes, las que miran con otros ojos el mundo; digo en parte porque una de ellas lo es y la otra encarna a personajes de sus películas favoritas. Es muy interesante hablar con las dos, pero la primera muestra mejor sus ideas y la otra juega perfectamente su papel, generalmente cuando tengo una conversación con ella, roza la posibilidad que tengamos sexo. Al cabo de un tiempo me he dado cuenta que el pertenecer a la élite culta ha sido un objetivo de vida para ellas, alimentan sus pensamientos con variados nombres de películas, directores, corrientes, actores y más. Sueltan un nombre con una idea principal que acompaña toda la descripción de aquello en cuestión.
Tengo un par de buenas amigas que pertenecen a este grupo de cinéfilos. En parte son la divergencia encarnada, las diferentes, las que miran con otros ojos el mundo; digo en parte porque una de ellas lo es y la otra encarna a personajes de sus películas favoritas. Es muy interesante hablar con las dos, pero la primera muestra mejor sus ideas y la otra juega perfectamente su papel, generalmente cuando tengo una conversación con ella, roza la posibilidad que tengamos sexo. Al cabo de un tiempo me he dado cuenta que el pertenecer a la élite culta ha sido un objetivo de vida para ellas, alimentan sus pensamientos con variados nombres de películas, directores, corrientes, actores y más. Sueltan un nombre con una idea principal que acompaña toda la descripción de aquello en cuestión.
martes, 9 de agosto de 2016
ODIO EGOISTA
Esto es un post íntimo, pero pueden decir lo que deseen en los comentarios.
Sí, es raro, loco y estúpido el no haber besado a alguien a mis 22 años. A esa edad ya no se trata de timidez, ahora ya no es un niño tonto que busca desprenderse de ella. Ahora es algo vital, ya no encajo, ya no pertenezco a la gente, no tengo carácter ni valentía. Ahora solo he estado viviendo en una terrible burbuja donde el niño correcto se convirtió en un adolescente tonto, idealista, superficial y egoísta que santificaba a las mujeres. Esta etapa murió con un desamor que me dejó castrado y con muchas interrogantes. Decidí olvidarme de los amoríos y dedicarme a mis asuntos. Me masturbaba cuando la austeridad sexual afectaba mi comportamiento, regulaba mi conducta acariciando mis genitales para luego terminar con remordimientos, pensando 'lo malo de mis acciones'; aun siento un poco de culpa cuando lo hago, me siento un tarado, un tipo sin autoestima que se autocomplace porque no es capaz de tener sexo con una mujer ni se atreve a darse una nueva ooportunidad en el amor. Uno de los grandes problemas que sigo teniendo en la vida es no sentirme parte de la mayoría y no tener las mismas vivencias.
martes, 26 de julio de 2016
FIEBRE VERDE
La primera vez que estuve
cerca de la marihuana fue cuando en el colegio un tardío compañero llamado
Gerard me enseñó un vídeo en el que estaba preparando un porro con sus amigos.
Veía todo eso lejano, lo rechazaba. Las circunstancias me alejaban, el chico no
era ni un poco cercano a lo que consideraba cool:
sus párpados cenizos rodeaban su par de ojos rojizos e hinchados que
sobresalían como los de un preso, peinaba hacia atrás constantemente su
cabellera grasosa y, aunque quería demostrar seguridad y bohemia, los hombros que
se le escondían alrededor del cuello y su escurrida barriga transmitían
inseguridad e invitaban a la risa. Luego de un tiempo, no se supo más de él, dejó
los estudios y sus padres lo buscaban. Un par de años después pude verlo por
una playa de Trujillo junto a un grupo de jóvenes enjutos y sucios, no sé exactamente
lo qué le pasó pero tenía la mirada de un animal herido y desorientado.
Mi primer año en la
universidad me topé con un grupo de estudiantes que religiosamente salían todas
las semanas a divertirse. Todas las
noches no faltaba el alcohol, en algunas también los acompañaba la marihuana y
en otras podían disfrutar del sexo universitario. Cuando los menos
experimentados acompañaban, solo se
jugaba a la botella borracha. Luego de un rato de besos inocentones y ridículos
el grupo se partía en dos, algunos iban a casa y otros iniciaban la verdadera
fiesta. Yo era de los que siempre iba a casa, pero por un amigo que sin
pedírselo me contaba todos los detalles,
sabía lo que pasaba con los que se quedaban en las fiestas. No me sentía tan
cercano a esa realidad, los aceptaba como amigos pero no compartía sus gustos.
En el cuarto año de
universidad escuchaba hablar a una amiga sobre cómo había sido la primera vez
que probó marihuana; me hablaba de sus propiedades curativas, de cómo “tus
sentidos se pulen, y puedes notar hasta la sangre recorrer tus venas”, además “si
le agregas un poco de música puedes ir más allá”, “es genial la sensación,
debes intentarlo alguna vez”. Yo
escuchaba un poco aturdido, pensaba que la marihuana y todas las drogas
marcaban un antes y después. Que ibas a volverte dependiente de por vida, por
lo menos en el caso del consumo de marihuana de esa amiga no era así, o no pude
notar diferencia alguna en su comportamiento. Decidí averiguar si alguien más
en la universidad había ‘lanzado marihuana’, lo que descubrí me bajó al llano,
resulta que más de la mitad de personas respondía que en algún momento sí había
probado. Todo cambiaba, ahora sentía que todo eso estaba cerca de mí, yo era el
raro.
Un par de semanas luego de
este descubrimiento decidí acompañar a dos de compañeras que iban a ‘lanzar’.
Teníamos solo una hora para hacerlo. Una de las chicas habló con su
distribuidor dentro de la escuela, a ellos se les llama diller, casi cada salón universitario tiene uno. Este, mientras
miraba desconfiado a los dos que nos mantuvimos lejos, le proporcionó un ‘rizo’
a nuestra amiga. Decidimos ‘golpear la hierba’ luego de la presentación de un
trabajo. Lamentablemente el docente demoró más de lo previsto y solo tuvimos 10
minutos para buscar el lugar indicado para el ‘bate’. Debido a esto, y también por
mi arrepentimiento a último momento, decidí no probar y les dije que el tiempo
era muy corto para disfrutar de mi primera vez, así que lo pospuse. Regresé con
otra compañera de estudios, quien era conocida por tener un comportamiento intachable. Con
nostalgia pensé que ya no me sentía cercano a esa realidad.
(INXS – Never Tear Us Apart)
Una semana después de mi
primer intento de consumir marihuana acordé con dos compañeras y un amigo para
ir a un concierto de rock. No había
planeado nada, saldríamos al concierto al terminar de grabar en el laboratorio
de radio de la universidad. Luego del almuerzo una de las chicas me pidió que
la acompañe a comprar papel de arroz, “con esto se envuelve la marihuana”, me
explicó. Una hora antes había conseguido un poco de hierba, lo guardaba para
mitigar el frío en la noche rockera.
A las seis de la tarde
terminamos las grabaciones, caminamos hasta el lugar del concierto, éramos un
buen cuarteto, compartimos bromas y anécdotas durante las cinco cuadras que
separaban a la universidad de la Concha Acústica, el escenario color rosa que en
su forma podíamos advertir el porqué de su nombre, sede de muchos festivales
urbanos, hoy nos presentaba lo mejor del rock
local. De los cuatro, solo dos sabíamos que alguien llevaba hierba en su
mochila, solo dos buscamos un encendedor y nos perdimos en la oscuridad para ir
a un lugar apartado, mientras el otro par se entretuvo conversando con el
fotógrafo del alcalde. Caminamos por el parque contiguo al escenario buscando
un lugar dónde ubicarnos, solo veíamos sombras de personas haciendo ejercicio,
parejas besándose o amigos conversando.
La chica que me acompañó fue
quien anteriormente me había contado sus experiencias con la marihuana. Nos
sentamos en una acera del parque, atrás nuestro era el estacionamiento de las
camionetas de los miembros de Seguridad Ciudadana, hacía mucho frío y en el
evento sonaba la canción Get Lucky de Daft Punk. Prendimos el primer ‘rizo’, mi compañera me explicó cómo
se ‘golpea’, “debes aspirar el humo y mantenerlo el mayor tiempo posible dentro
de tus pulmones, luego lo botas”, ella lo aspiró primero y la marihuana surtió efecto,
yo la seguí, aspiré una, dos, tres, cuatro, cinco, seis veces, pero no surtió
efecto, mi amiga estaba volando y yo en tierra muriéndome de frío y
decepcionado.
domingo, 24 de julio de 2016
NO SOY IDEALISTA
No hay necesidad de diferenciarlos pero en mi país la distancia es grande. Hablaré por mi experiencia, no he conocido a una pareja Lgtb+ íntimamente como para recaer en un juicio sobre ellos, todo lo contrario con parejas heterosexuales de clase media.
La figura casi siempre se repite, los hombres son los niños que se hacen duros, en la mayoría de veces intransigentes al discutir con sus esposas. Las mujeres tienen la ventaja que en esta época la violencia contra ellas es censurada, muchas veces tienen razón, pero no exponen sus argumentos con la fuerza necesaria, la inseguridad las aleja de la validez. Los hombres por otro lado se han acostumbrado por muchos años a tener razón a la fuerza y ahora son esclavos de ilógicas razones que los llevan a defender argumentos sin sostén.
Paremos esta cadena, las mujeres de mi país tienen mucho por expresar, desean ser libres y luchan diariamente, lamentablemente la mayoría en sus hogares, para esa emancipación. No les cortemos las alas es posible tener familia y cumplir sueños. Flora Tristán nos lo recordó, la mujer es valiente, las diferencias no limitan, crean diversidad. Ayudemos a crear igualdad, nuestros hijos necesitan algo mejor, no deben contaminarse con las relaciones de este mundo, no aprendamos a soportar los golpes en la vida, aunque hay cosas fuera de nuestro alcance como la enfermedad o muerte, mejoremos la sociedad desde el núcleo. El compromiso no se siente, se demuestra.
La competencia nos enriquece y acerca más. La amenaza es recurso de delincuentes sin coraje. Crezcamos todos.
Disfrutemos esta canción.
viernes, 17 de junio de 2016
LO COMPLICADO DEL CÁLCULO
Son
exactamente las 9 de la mañana y el sonido de la sirena de bomberos anuncia el
inicio del examen. Bajamos las miradas y comenzamos, me alivió que no se presentaran los horrores
que mis conocidos habían previsto: el típico ataque de nervios, la pérdida
repentina de memoria o el inoportuno dilema existencial sobre mi vocación. En
realidad solo pude pensar en las interrogantes que me presentaban las letras
impresas en el papel. Mientras resolvía jugaba con mi lapicero picando las
alternativas.
Dos
horas antes había ingresado al aula 104 de la Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas,
allí también había rendido los sumativos anteriores con cierto éxito, pero este
era el decisivo, este valía la mitad de mi puntaje total. Había visto a los
chicos dándose ánimo durante el ingreso, llovían abrazos, rostros preocupados y
perdidos. Todos cumplían ciertos rituales familiares en el día del examen; yo
por mi parte me levanté a las siete de la mañana, tomé la manzanilla que me había
recomendado un profesor: “para los nervios”, decía. Me alisté y salí. Otra
acción que también se ha vuelto importante antes de ingresar a la universidad es
consumir una barra de chocolate, las madres decían: “para que te de fuerzas”,
“el chocolate mejora tu ánimo”, “durante el examen te dará hambre”, todo esto
no escapa de la realidad y lo pude comprobar en el primer sumativo. Tal vez
parezca que todas estas acciones no sean tan ciertas y solo ayuden en aumentar
la seguridad del postulante, pero estábamos en competencia y ahí todo sumaba.
Dos
meses antes había recibido con alegría los resultados del segundo examen. El
día anterior estaba muy nervioso porque en el sumativo anterior no había
llegado a mi objetivo. En clase había escuchado a más de un profesor decir que
no confiemos en los ‘amigos’ de academia que postulaban a nuestra especialidad
pues tratarían de jugar sucio, yo tomé
ese consejo y salía con conocidos de otras áreas. Recuerdo que, mientras
resolvía una práctica de geometría, alguien del salón a quien no conocía se me
acercó y dijo: “oye, qué buen puntaje tienes, ya estás adentro, ¿para qué
estudias?”. Yo, recordando el consejo, le pregunté: “¿tú cómo saliste en el
examen?” Él, un poco avergonzado, me dijo: “Estoy muy bajo, me faltan 90 puntos
en el acumulado para el mínimo, la verdad es que no me gustan las matemáticas”.
Entonces le dije: “qué mal puntaje tienes, ¿para qué estudias?”.
Cuatro
meses atrás, luego de haber fallado en mi primer intento de ingreso, mi madre se había acercado a hablarme
seriamente: “si no ingresas esta vez, deberás dedicarte a trabajar en cualquier
otra cosa, ésta tu oportunidad y debes aprovecharla, porque será la última que
te pagaremos”. Esto hizo concentrarme íntegramente en los estudios, preparé una
agenda y horarios para los 4 meses que comenzaban y me esforcé para mejorar mi
puntaje. En verdad mis padres habían acordado decirme aquello porque se lo
había recomendado un amigo, para “enfocar sus prioridades”, decía; luego se me
hizo una frase de mal gusto cuando mis progenitores me lo confesaron.
Habían
transcurrido 20 minutos del examen y estaba abstraído, solo me interesaba
resolver las preguntas, hacía una línea sobre las alternativas para luego pasar todo a la hoja de respuestas.
No me había dado cuenta lo que ocurría alrededor, pero de pronto me sentí
observado, miré al frente y las tres personas que cuidaban el examen me veían
extrañados, desvié la mirada hacia los postulantes y regresé al examen pensando
en lo que pasaba. Me distraje y comencé a cuidar mis gestos y movimientos
cuando celebraba la resolución de las interrogantes. El poco tiempo que miré a
mis compañeros de carpeta me di cuenta que la prueba no es tan rigurosa como la
venden, ellos podían mirar al compañero del costado para pescar alguna respuesta
que no tengan.
Dos
horas luego del examen sonó el teléfono de mi casa, contesté, era mi mejor
amigo: “Hola hermano, ¿cómo te fue hoy, estuvo fácil el examen?”, dijo. “Para el que estudia, sí”, respondí. Seguí
conversando largo rato con él y su mamá, enviaban saludos y él pedía consejos,
aun no se animaba a postular porque en su carrera las personas ingresaban luego
de 3 intentos. Él quería ingresar en la primera oportunidad.
Habían
pasado 20 minutos después de las siete de la noche, estaba cenando y viendo una
película. Antes, ya había esperado los resultados pegado a un radio durante 5
horas y no lo iba a volver a hacer. Hablé con mi hermana dos horas antes y me
dijo que ella lo haría, entonces le pedí que me llame al teléfono solo si
ingresaba, si no ocurría esto que no se moleste en hacerlo. Estuve un poco
incómodo pues resultados se anunciaban para las 7 en punto, y estábamos con
retraso de 20 minutos. Mi madre se había acercado a preguntarme los resultados
pero le conté el acuerdo con mi hermana, regresó luego de cinco minutos a
preguntarme lo mismo y volví a decírselo. Son 20 minutos, el vecino que
postulaba a Derecho ya estaba lanzando alaridos celebrando su logro ¿qué
pasaba? ¿Era cierto que el último examen era el decisivo? Al final opté por
confiar en mis respuestas y esperar que el teléfono timbre.
“Ring, ring, ringggg…” Sonó
el teléfono y di un salto de alegría, me abalancé sobre él y respondí. “¿Aló? ¿Se
encuentra la señora Miranda?” Me quedé helado, era alguien más, aun no era
seguro si había ingresado, la persona al otro lado preguntaba por mi madre, a
quien no hubo necesidad de llamar pues había corrido y estaba a mi costado
esperando que le dé la noticia. Le dije que no era mi hermana, no me creyó y
contestó, al darse cuenta que era cierto resolvió rápidamente la llamada y
colgó. Me miró seria y dijo: “Entra a internet a ver el resultado, no esperes a
tu hermana”. Todo era un grito ahogado en la garganta.
“Ring,
ring, ringgg…” Ahora me paré para responder rogando que sea mi hermana, luego
de que el teléfono sonara tres veces respondí, habían colgado antes pero
emergía otra llamada entrante… “Ringggg…” Respondí, “¿Aló, Pedro?” Era mi otra
hermana, pero anunciaba lo que tanto esperaba, mi madre había llegado
nuevamente a mi costado y pudo escuchar el grito de alegría a través del
teléfono: ¡INGRESASTE! ¡INGRESASTE!
domingo, 12 de junio de 2016
LA VOCACIÓN COMO RECURSO SOCIAL PARA CRECER
Lo primero con lo que me enfrenté cuando inicié mis estudios en Comunicaciones fue el enorme prejuicio que tienen los profesionales de diversas ramas en torno a esta carrera. "No es universitaria", "acá encontramos un conjunto de oficios técnicos que se han unido en algo parecido a una profesión que sin embargo carece o tiene muy poca rigurosidad científica".
Este fue el primer impacto, recordé las recomendaciones de mis amigos; "Tu das para más", "¿Por qué postulas a esa carrera si tienes un puntaje de ingeniería o medicina?" Yo no lo quise así, continúe, me había propuesto un reto y quería hacer crecer esta carrera a punta de esfuerzo con el combustible de la vocación.
El segundo hecho que me hizo dudar sobre mi elección fue cuando observé el comportamiento de la mayoría de compañeros de clase, veía en ellos el reflejo de los tan sintonizados programas de espectáculos que tanto detestaba, las peleas de mis compañeros de carpeta mostraban un mundo extraño, escandaloso, inestable, prejuicioso, retrógrado y estúpido. Sin embargo, todos eran muy amables al conversar, los años de socialización les ayudó a amoldar una personalidad muy empática pero vacía, pues veía el trauma de la competencia dentro, el estrés de los exámenes de admisión no superados, ellos se esforzaban por mostrar la mejor cara a un compañero que luego podría darles trabajo. Todo me parecía falso y ridículo, sin embargo no huía del juego, tal vez porque, como muchos seres humamos, me embriagué de egocentrismo y vanidad por los cumplidos recibidos.
El tercer impacto ya no fue un problema particular de mi carrera, es algo que sufren todos los estudiantes de universidades estatales del Perú, en estos centros de estudios lo primero que te enseñan es a ser pobre, a comportarte como un resentido de la vida lleno de carencias afectivas, económicas e institucionales, a ser un profesional frustrado que tiene como máxima aspiración el lograr entrar como empleado a una empresa de alcance regional, o ser como una larva que con el único mérito de alzar una bandera y usar gorros de un partido político en campaña se asegura empleo como funcionario durante cinco años.
El cuarto problema, aunque ya lo haya mencionado anteriormente, son los profesionales en ejercicio, que desmotivan nuestras aspiraciones con el facilismo que gobierna a sus productos comunicativos. En la sociedad es válida la creencia que el periodista es un tergiversador que se vende al poder político o económico al mando, que el publicista es un canalla que intentar engañar al consumidor para que compren basura bien presentada, que el comunicador para el desarrollo es un zángano que lucra excesivamente usando la excusa del asistencialismo, que el relacionista público es un ser detestable, hipócrita y corrupto que usando todo tipo de mañas busca que las organizaciones puedan causar todo tipo de transgresiones y la población se sienta feliz de presenciarlas.
Continuaremos...
sábado, 30 de abril de 2016
FALSA ADOLESCENCIA
Hace meses que una chica me acompaña, la quiero demasiado, es mi gran amiga, yo no soy específicamente eso para ella, pues busca ir más allá, no lo deseé al inicio, aunque espero que si se da, sea lo mejor del mundo.
Hace más de tres años inicié mis estudios en la universidad. Mi perfil era de un adolescente amante de la música alternativa que pasó por la secundaria con calificaciones regulares y cierto éxito en las relaciones amicales, pero con algo diferente, en todo ese tiempo no tuve ninguna amiga adolescente.
No conocía a ninguna y eso me angustiaba, no por necesitarlo, sino porque era extraño estar en esa situación. Frecuentemente hablaba con mis compañeros sobre chicas, ellos daban sus testimonios y yo debía inventar alguna historia caliente y creíble sobre alguna jovencita inexistente. El problema siguió hasta el último año, se acercaba el baile de promoción y no conocí a nadie. Al final me aferré a una última esperanza, me comí el orgullo y acompañé a mi madre a la casa de una de sus amigas, aquella tenía una hija de mi edad que decía haberme conocido cuando era pequeño. Mi madre no sospechaba mi verdadera intensión, pensó que era una deferencia mía; pero necesitaba una pareja para la gran noche y lo iba a conseguir.
La chica se llama Lorena, y días atrás estuve tratando de pedirle que sea mi acompañante en el baile de promoción; planeaba la forma y el momento adecuado para abordarla, este no se dio, aunque pude verla pero no en las circunstancias que hubiese deseado. Lo que pasó fue que, en una noche fría, Lorena, su madre Anghela y mi mamá, al terminar la misa, caminaban a pocas cuadras de mi casa conversando de no sé qué. Yo, por otro lado, abrigado con un par de casacas encima y un sucio pantalón polar, miraba televisión en la panadería de mi casa, lugar de trabajo de mi familia, al mismo tiempo que cenaba en un plato hondo de plástico con borde deforme y dibujos despintados. Se podría decir que la circunstancia no era favorable para volver a ver a una ex amiga que quieres invitar al baile de promoción y con la que solo te has comunicado a través de tu madre.
El portón crujió al mismo tiempo que jadeaba una mujer. Mi madre había dicho a Lorena que la puerta estaba abierta, que solo la empuje, esto no era así, yo la había asegurado horas antes, a ella esto le causó un vano esfuerzo y un pequeño golpe con el pórtico. Al ver que forzaban la puerta me acerqué con el ceño fruncido, se distinguía entre el quicio al rostro de una bella jovencita.
El portón crujió al mismo tiempo que jadeaba una mujer. Mi madre había dicho a Lorena que la puerta estaba abierta, que solo la empuje, esto no era así, yo la había asegurado horas antes, a ella esto le causó un vano esfuerzo y un pequeño golpe con el pórtico. Al ver que forzaban la puerta me acerqué con el ceño fruncido, se distinguía entre el quicio al rostro de una bella jovencita.
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